calendario 2015

7 de enero: capítulo siguiente

El 7 de enero amaneció como cualquier otro día del frío invierno isleño. Derecho al puesto de trabajo, vistiendo una chaqueta de estreno y presto a utilizar por primera vez esa última maravilla de la tecnología que prometía hacer la jornada laboral más productiva -eso le dijo su rey mago preferido-  y sus horas de despacho más amenas. Tomó el primer café del día en el bar de cada día -“¿Qué, cómo estuvieron esos Reyes?”, fue la interpelación de Manolo: “Ya ves, como siempre… a mi edad”, su refleja respuesta, la misma desde hace no sé cuántos años-, enfiló luego el portal del gris edificio sólo de oficinas, subió al ascensor y pulsó el dos.

A las 7.50, con tiempo para atender debidamente la primera llamada del año que sabía que llegaría en 10 minutos, hizo un rapidísimo repaso de la lista de propósitos del 2015: 1) Bajar los kilos sumados por los atracones navideños antes de final de enero; 2) Explorar todas las posibilidades del Outlook para hacer de la gestión de su agenda de citas y tareas un arma definitiva; 3) No agarrarse más cabreos con la mal encarada funcionaria del registro del juzgado número…;  4) Poner a cero el contador de las minutas pendientes de cobro que dormían desde hace meses en el limbo; 5) Apuntarse a la jornadas de trabajo del Colegio que siempre descartaba porque encontraba una excusa perfecta para quejarse luego de su falta de tiempo para reciclarse…

La lista de deseos inaplazables llegaba a la decena de puntos -de eso estaba seguro cuando salió de casa-, pero el repaso cotidiano a sus webs de referencia interrumpió la enunciación de su repaso. Le devolvió a la realidad de 2014.

El presidente de la Abogacía advertía de un nuevo intento del ministro Catalá para enrocarse en el mantenimiento de la Ley de Tasas y, lo que era peor, de la idea del Gobierno de “gravar otros servicios de la Justicia”. El Consejo General del Poder Judicial reprochaba a Justicia la “genérica, imperfecta e improcedente” regulación de su futura sede judicial electrónica, mientras veía “serias dudas de encaje constitucional” en la intervención de las comunicaciones sin autorización judicial previa que planteaba la última reforma de la Ley de Enjuiciamiento Criminal aprobada por el Consejo de Ministros.

A las ocho en punto llegó, cómo no, la temida llamada del cliente¿Qué hay de lo mío?«- al que aseguró tres semanas antes que no habría novedad alguna sobre su pleito cuando menos hasta mediados de enero. Se armó de paciencia antes de atenderle y recordó de paso que el noveno propósito era ser pedagógico en las explicaciones a sus defendidos sin caer en el sarcasmo. Y por enésima vez le puso al tanto. Con tono indolente -al carajo el noveno propósito- y con el mismo discurso prenavideño.

A mediodía desanduvo el primer camino matinal para atender un montadito de queso blanco con tomate y zumo de naranja en el mismo bar donde tomaba el cortado de las 7.30. No llegó a la puerta donde Carmela y Manolo. Rodeó la manzana y pegó a caminar un rato, largo, antes de volver al despacho. A esa altura del 7 de enero su nivel de aguante ya se había desbordado y necesitaba perderse en la calle, tratando de ver el mar y de pensar en el todavía lejano agosto.

Al conseguir adivinar a lo lejos el Atlántico estuvo seguro de que este año, tampoco, planificaría mejor las vacaciones. Olvidó la lista de deseos mientras regresaba al tajo. “Hoy no empieza el año. Ni una nueva vida. Hoy es simplemente el capítulo siguiente a ayer”.

 

Foto: Fotolia

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