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驴El fin de los “memes” por Ley?

El 3 de noviembre, el Partido Popular registr贸 en el Congreso una Proposici贸n no de Ley con la que pretende reformar la actual Ley Org谩nica 1/1982 sobre protecci贸n civil del derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen que, aunque no tiene car谩cter legislativo, anuncia una voluntad. Desde la Plataforma en Defensa de la Libertad de Informaci贸n (PDLI) advierten que, de salir adelante, los memes podr铆an salir perjudicados, pero el texto ha recibido diferentes interpretaciones entre los juristas.

 

Seg煤n la propuesta del Grupo Parlamentario Popular, en la actual sociedad de la informaci贸n “la creciente presencia de nuevas tecnolog铆as permite la obtenci贸n y la difusi贸n de informaci贸n de una manera ins贸lita, algo que pone en especial peligro 谩mbitos reservados de la vida privada“. La soluci贸n para los populares ser铆a 鈥渃onfigurar de manera m谩s precisa鈥 los derechos que protege la Ley Org谩nica 1/1982, el Derecho al Honor, la Intimidad Personal y la Propia Imagen.

 

Como explica Carlos S谩nchez Almeida, director legal de la PDLI, en un apartado titulado Censurar los memes, si con la reforma 鈥se pretende perseguir cualquier publicaci贸n de im谩genes sin consentimiento, una actividad tan extendida para la cr铆tica pol铆tica o social, como son los memes, se convertir铆a en una actividad de riesgo鈥. Sin embargo, David Maeztu, abogado especializado en derecho de internet, est谩 de acuerdo en que la generalidad de esta ley es una de sus virtudes, aunque considera que la interpretaci贸n de que la proposici贸n del PP pretenda el control de los memes es err贸nea, 鈥primero, porque es solo una proposici贸n para que el tema se trate en una comisi贸n, por lo que ni siquiera tiene contenido, y segundo, porque ci帽茅ndonos al texto, solo busca adaptarse a la realidad social鈥.聽Fuentes del PP han manifestado en el diario P煤blico que esta propuesta 鈥渘o hace referencia a los memes salvo que en ellos se incluya un insulto, una amenaza de muerte o que se impute un delito al personaje en cuesti贸n鈥.

A nadie se le escapa que la legislaci贸n deber铆a adaptarse a los nuevos medios y a las nuevas tecnolog铆as al mismo ritmo que estas avanzan, una labor que generalmente se torna imposible por la propia naturaleza de las leyes y el propio proceso legislativo. El nuevo delito de stalking (acoso) podr铆a ser un buen ejemplo, como tambi茅n lo ser铆an la cantidad de sentencias en relaci贸n a amenazas proferidas en redes sociales o mensajer铆a instant谩nea. Lo que ocurre en este caso, sin embargo, parece ser m谩s complicado, por no decir incomprensible, pues la actual ley de 1982 ya regula los supuestos que quiere modificar el PP: el C贸digo Civil y el C贸digo Penal recogen cualquier delito o exceso a la imagen o al honor. Solo hay que ver c贸mo est谩n los juzgados 煤ltimamente con este tipo de cuestiones, pues, como anuncia la PDLI en su comunicado, 鈥渓a actual redacci贸n de la Ley es suficientemente amplia como para contemplar las posibles vulneraciones de este derecho que se produzca a trav茅s de cualquier canal, incluidas las redes sociales鈥.

驴Ser谩 esta propuesta s贸lo un avance de nuevas restricciones expresivas? 驴Estar谩n algunos poniendo la venda antes que la herida? S贸lo el tiempo lo dir谩.

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Redes sociales

Redes sociales y privacidad del abogado

La explosi贸n del n煤mero de redes sociales y la popularizaci贸n de su uso generan, por populares, debates frecuentes e interminables sobre sus virtudes y sus defectos. Y como es natural en el an谩lisis del comportamiento social, a cuenta del valor de un perfil determinado y de c贸mo manejarse, en pocos puntos encontramos posiciones comunes.

Las m谩s de las veces, tratar de dar con un c贸digo de conducta adecuado nos conducir谩 hasta un escenario donde una legi贸n de expertos 鈥攎谩s o menos cualificados, as铆 que m谩s o menos solventes鈥 tratan de escalar en la clasificaci贸n de 鈥榲oces autorizadas鈥 a fuerza de consejos u opiniones con un indisimulable aroma de c谩tedra.

Que los juicios se apoyen en la evidencia emp铆rica o que tengan un cierto sustento de an谩lisis estad铆stico llega a ser lo de menos cuando no se trata tanto de orientar como de ser popular o famoso a trav茅s de la diagnosis. Tambi茅n en este mundo de las redes, los 鈥榞ur煤s鈥 pueden ascender posiciones sin reparar en la ligereza del mensaje emitido鈥 todo sea por el 茅xito profesional.

Llegados a ese punto, 驴cu谩l debe ser la conducta de un abogado en las redes sociales? 驴Debe separar completamente su imagen personal de la profesional gestionando, de esa manera, un perfil o una red para cada caso? 驴O bien puede mezclar lo privado y lo laboral dando por hecho que eso es lo 鈥榮ocialmente鈥 aceptado por el resto de la comunidad?

No hay una 煤nica respuesta porque en materia de comportamiento y relaciones sociales pocas veces podemos arriesgarnos a dar algo por sentado. Algo tan inocente, en apariencia, como publicar un tuit expresando nuestra repulsa hacia el discurso de un pol铆tico, la opini贸n de un futbolista famoso o la calificaci贸n de la 煤ltima pel铆cula vista har谩 que otro nos encasille en un arquetipo en el que probablemente no nos veamos representados. Y de ah铆 a que se nos descalifique en el 谩mbito profesional puede que s贸lo haya un paso. Tan injusto y precipitado como incorregible despu茅s.

M谩s all谩 de la teor铆a en esta materia, que 鈥攃omo es natural en el mundo de Facebook, Twitter, Instagram o Linkedin鈥 鈥榓caba鈥 de nacer y evoluciona a una velocidad que somos incapaces de asimilar, tambi茅n en esto de administrar perfiles 鈥攄ecidiendo estrategias e imponi茅ndonos l铆mites鈥 bien podr铆a aplicarse el pensamiento cl谩sico, al que tanto nos acercamos en nuestros tiempos universitarios.

Las pasiones y el placer no siempre concuerdan con la racionalidad: no son en s铆 mismas negativas, pero deben estar en la armon铆a y en la medida que la raz贸n les dicta鈥, dijo S贸crates acerca del comportamiento 茅tico. Llegado el momento de lidiar en la plaza de las redes sociales, un tanto de sentido de com煤n y otro de reflexi贸n antes de pulsar el 鈥榚nter鈥 pueden ahorrarnos m谩s de un disgusto en forma de p茅rdida de un cliente o de la misma credibilidad. Que no se sabe que es peor.

 

Foto: 123rf

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10 consejos para escribir un correo electr贸nico

10 consejos para escribir un correo electr贸nico

El uso de las redes sociales en nuestras relaciones personales o en el mismo entorno profesional ha restado protagonismo al correo electr贸nico, pero no importancia. Sigue siendo una herramienta imprescindible en cualquier actividad que exige relacionar a personas que necesitan comunicarse a distancia y no parece, por m谩s que vivamos mediatizados por 鈥榃hatsApp鈥, que vaya a decaer de nuestra agenda de recursos ofim谩ticos.

Siguiendo el concepto de comunicaci贸n por carta con el que naci贸 鈥攜 en el que la remisi贸n inmediata por un canal digital era la gran novedad鈥 el 鈥榚-mail鈥 culmin贸 a mediados de los a帽os noventa el tr谩nsito iniciado con el fax, recurso 茅ste que s铆 lleva camino de su pr谩ctica desaparici贸n. Hoy en d铆a puede ser que usted haya renunciado al uso de wasaps, pero dif铆cilmente podr谩 decir que no posee una cuenta de correo-e, bien sea corporativa, particular o para un uso mixto.

Por ello el uso del correo electr贸nico precisa de ciertas reglas. Como siempre decimos, no son las tablas de la ley, pero estos 10 consejos para escribir un correo electr贸nico le ayudar谩n a evitar que lo que naci贸 como un recurso de gran utilidad acabe con sus nervios o genere conflictos indeseados con sus interlocutores.

1)聽聽 聽No todo se comunica por correo-e. Evite usarlo si no le aporta algo realmente importante para su actividad profesional. Una llamada telef贸nica, un wasap o una peque帽a conversaci贸n personal si se dirige a alguien que est谩 en su misma oficina pueden llevarle menos tiempo y esfuerzo.

2)聽聽 聽La estructura ayuda a la comprensi贸n. El asunto de un correo ha de describir brevemente su objeto (como si fuera el titular de una noticia) y el cuerpo del mensaje debe dedicarse al contenido.

3)聽聽 聽Si quiere trascendencia, adjunte y no pegue. Cualquier gestor de correo permite el env铆o de ficheros adjuntos, as铆 que no caiga en la tentaci贸n de pegar al cuerpo del mensaje el contenido de un documento (un oficio, una factura, una disposici贸n legal鈥). H谩gase la misma pregunta que si remitiera una comunicaci贸n postal: 驴pegar铆a al folio un cartel o mejor lo trabar铆a mediante un clip o una grapa?

4)聽聽 聽Lo bueno, si breve鈥 dos veces bueno. Siga el consejo del gran Baltasar Graci谩n y sea claro y conciso. El cuerpo del correo, en todo caso, debe resumir el contenido de los documentos o enlaces a las p谩ginas web que adjunte.

5)聽聽 聽Cuide el modo y las formas. Las m谩s de las veces, se estar谩 dirigiendo a un cliente o un proveedor, a alguien, en cualquier caso, con el que se est谩 relacionando por un motivo profesional. Evite el tuteo no consentido y empiece y acabe sus misivas con una cierta formalidad: Estimado se帽or / Estimado Pedro / Querido amigo; Atentamente / Respetuosamente / Cordialmente鈥

6)聽聽 聽隆Ni le ven, ni le oyen! Un correo electr贸nico no permite transmitir su lenguaje gestual, ni el tono de su habla. Evite sustituirlo por recursos como palabras escritas en MAY脷SCULA (pueden tomarse como un grito), por repeticiones de signos de puntuaci贸n 鈥!!!鈥, 鈥???鈥 o, menos a煤n, por emoticonos :) por muy amables u originales que parezcan.

7)聽聽 聽Haga borradores para mensajes repetidos. Si algunos de sus correos repiten frecuentemente su estructura (por ejemplo el env铆o de una minuta o un informe), cree mensajes tipo para cada caso y gu谩rdelos en una carpeta de borradores desde la que pueda recuperarlos. Ahorrar谩 m谩s tiempo del que cree.

8)聽聽 聽El blanco facilita la lectura. Un correo no es un papel con un espacio limitado. Dejar una l铆nea en blanco entre cada p谩rrafo s贸lo le costar谩 una pulsi贸n de la tecla 鈥榚nter鈥 y facilitar谩 la lectura al destinatario.

9)聽聽 聽Un 鈥極k鈥 no siempre es una buena respuesta. Lea con cierto detenimiento el contenido del correo recibido. Puede que su emisor requiera de usted algo m谩s que este laconismo, so pena de que lo tome por el 鈥榮铆鈥 de los locos.

10)聽聽 聽Avise de que lo env铆a a un tercero. Salvo que se dirija a varias personas simult谩neamente o que el contenido de su correo no sea privado, reservado o confidencial, si al mismo tiempo lo env铆a a un tercero no est谩 de m谩s emplear una f贸rmula del tipo: 鈥Copio [o env铆o copia] a fulano de tal鈥 para dejar constancia fehaciente de que el contenido no solo lo ver谩n usted y su destinatario original.

 

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Redes sociales

Conducta del abogado en las redes sociales

La International Bar Association (IBA), es una organizaci贸n que re煤ne desde 1947 a profesionales de la justicia de los cinco continentes: colegios y despachos de abogados y sociedades dedicadas al estudio del Derecho. Compuesta por m谩s de 40.000 abogados y 197 colegios de abogados y sociedades (en Espa帽a el Consejo General de la Abogac铆a y los colegios de Madrid, Barcelona, M谩laga y Valencia), la IBA participa en el desarrollo de reformas del derecho internacional y vela por el futuro de la profesi贸n jur铆dica en todo el mundo.

En febrero de 2012, el Grupo de Proyectos Legales de la IBA public贸 el informe 鈥El impacto de las redes sociales online en la Abogac铆a y Pr谩ctica鈥, al que sigui贸 un estudio mundial entre sus miembros. M谩s del 90 por ciento de los encuestados identific贸 la necesidad de que colegios y despachos o, alternativamente, la IBA, elaboraran directrices sobre el uso de las redes sociales en sitios o plataformas relacionadas con la profesi贸n.

El resultado fue la publicaci贸n el 14 de mayo de este a帽o de los 鈥Principios internacionales de conducta de la abogac铆a en las Redes Sociales鈥, que advierten sobre la importancia de aplicar en su actividad 鈥榦n line鈥 la misma exigencia en las normas de conducta -con la que los abogados ya est谩n familiarizados-, actuando de manera que se mantenga la confianza de los ciudadanos en los profesionales del Derecho.

El prop贸sito de esta declaraci贸n es ayudar a los colegios y despachos de todo el mundo promoviendo un uso de las redes que se ajuste a las normas de responsabilidad profesional. Conviene precisar que, en este caso, el t茅rmino 鈥榬edes sociales鈥 agrupa cualquier conversaci贸n, publicaci贸n o emisi贸n de mensajes a trav茅s de tecnolog铆as basadas en Internet o en la telefon铆a m贸vil. En un sentido gen茅rico: correo electr贸nico, web, sms, mms, chats, foros o cualquier red como Whatsapp, Line, Facebook, Twitter, Instagram鈥

As铆, en su introducci贸n recuerda: 鈥淓n todo momento, las redes sociales deber铆an ser utilizadas de acuerdo a las obligaciones del abogado y bajo reglas de responsabilidad profesional, como dentro de consideraciones m谩s amplias de cada administraci贸n de justicia鈥. La declaraci贸n contiene seis principios para combatir los problemas que pueden plantear las 鈥榮ocial media鈥 en el ejercicio de la abogac铆a.

1) Independencia profesional. Es parte integral de la pr谩ctica jur铆dica. Antes de entrar en una 鈥榬elaci贸n鈥 en l铆nea, los abogados deben reflexionar sobre las implicaciones profesionales que le puede suponer. Un comentario o contenido publicado en Internet debe proyectar la misma independencia profesional 鈥攜 la misma apariencia de independencia鈥 que se requiere en la pr谩ctica cotidiana 鈥榦ff line鈥.

2) Integridad. Se espera del abogado que mantenga el est谩ndar m谩s alto de integridad en todas sus relaciones, incluidas las realizadas a trav茅s de las redes. Algo escrito que perjudique nuestra reputaci贸n y se haya 鈥榲iralizado鈥 en Internet, puede ser dif铆cil de reparar posteriormente. Los comentarios que no sean profesionales o no respeten la 茅tica pueden da帽ar la confianza p煤blica, incluso si fueron hechos originalmente en un contexto 鈥榩rivado鈥.

3) Responsabilidad. Este cap铆tulo es el m谩s extenso del cuerpo de recomendaciones, entre las que destacan:

Entender el uso: Debemos recordar que lo expresado en las redes sociales podr铆a ser reproducido por la parte contraria en un litigio.

Aclarar el uso: Colegios, despachos y organismos reguladores deben advertir a sus miembros sobre las consecuencias de publicar contenido en l铆nea, alentando a los letrados a que aclaren si cada contenido est谩 destinado puede ser usado como una opini贸n profesional.

Uso adecuado: Debe recordarse a los abogados que consideren si el uso particular de una red social es un foro apropiado para expresarse profesionalmente. Como orientaci贸n general, los profesionales del derecho no deben decir 鈥榦n line鈥 algo que no afirmar铆an en persona ante un grupo determinado.

Conflicto de intereses: Los abogados deben ser sensibles ante la revelaci贸n de una posici贸n que sea contraria a la de sus clientes o que puedan tener impacto en asuntos particulares.

4) Confidencialidad. El abogado debe recordar que las plataformas sociales no son el lugar adecuado para publicar datos del cliente u otra informaci贸n sensible, a menos de que se est茅 convencido de que se pueden proteger con todas las garant铆as. Asimismo, la informaci贸n que localiza a un abogado geogr谩fica y temporalmente podr铆a ser utilizada para mostrar la relaci贸n profesional con un cliente que no quiere darla a conocer.

5) Mantenimiento de la confianza del p煤blico. Nuestra conducta en las redes sociales debe ejercerse igual que lo har铆amos 鈥榮in conexi贸n鈥, reafirmando se帽as de identidad esenciales de un abogado como la independencia y la integridad. Y debemos considerar, en cualquier caso, si la suma total (privada y profesional) de nuestra actividad en los 鈥榮ocial media鈥 retrata a un profesional del Derecho en el que un cliente puede confiar sus asuntos.

6) Pol铆tica. Colegios, despachos y organismos reguladores deben alentar el desarrollo de directrices claras y coherentes sobre el uso de las redes sociales. Estas pol铆ticas deben completarse con una formaci贸n continua sobre las novedades y riesgos de las redes, instruyendo a los profesionales para que puedan diferenciar si est谩n cargando contenido a t铆tulo personal o relacionado con su trabajo.

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gritar en las redes sociales

Redes sociales: vomita que algo queda

El asesinato de la presidenta de la Diputaci贸n de Le贸n, Isabel Carrasco, y la profusi贸n posterior de comentarios en las redes sociales – entre soeces y amenazantes – acerca de la justicia de su muerte, o el deseo de que se hiciera extensiva a otros dirigentes concretos o a la generalidad de la clase pol铆tica, han devuelto al primer plano del debate social la fijaci贸n de los l铆mites a la libertad de expresi贸n.

Por si fuera poco el ruido generado por la muerte violenta de Carrasco, unos d铆as despu茅s se a帽adi贸 al caldo de la discusi贸n el conocimiento de m谩s de 17 mil comentarios ofensivos en la nube digital (Twitter) contra la comunidad jud铆a en nuestro pa铆s. El detonante, en este caso, fue la victoria del Maccabi Tel Aviv sobre el Real Madrid en la final de la Euroliga de baloncesto.

Al hilo de estos dos hechos y del aluvi贸n de pensamientos ofensivos arrojados en la red, ha actuado el Ministerio P煤blico realizando varias actuaciones por la supuesta comisi贸n de delitos de calumnias o injurias (Art. 205 y ss. del C贸digo Penal) o de incitaci贸n a la discriminaci贸n, el odio o la violencia (Art. 505) y procediendo a analizar otros dos centenares por si pudieran encajar en alguno de estos tipos.

En paralelo al esclarecimiento de las consecuencias penales, se ha avivado una discusi贸n en la que unos llaman la atenci贸n sobre la capacidad de las redes sociales (Twitter y Facebook, especialmente) para propagar infundios de cualquier naturaleza, mientras otros ven en el proceder de la Fiscal铆a una amenaza a la libertad de expresi贸n.

Esa 煤ltima corriente apela a la democracia de la red, como instrumento no sujeto al control de los poderes que representan la administraci贸n, las fuerzas econ贸micas o los mismos medios de comunicaci贸n. Bajo ese te贸rico virtuosismo cabr铆a albergar cualquier exabrupto, ya sea deseando el mayor de los males a quien se ponga por delante – generalmente animando a que sean otros los ejecutores – o faltando a la dignidad de este o aquel grupo en funci贸n de sus particulares circunstancias de identidad sexual, racial, social profesional o pol铆tica.

No parece adecuado, por otra parte, incurrir en la tentaci贸n de adaptar la legislaci贸n en caliente para tratar de frenar este desparrame de opiniones. Ya conocemos, y padecemos, la recurrente man铆a de partidos y grupos de presi贸n a cambiar la ley a golpe de sucesos y parece comprobado que las m谩s de las veces s贸lo terminan por provocar m谩s frustraci贸n social que beneficios al com煤n de la ciudadan铆a.

Y en el caso que nos ocupa, no hay nada nuevo bajo el sol. Espa帽a posee una legislaci贸n suficiente en esta materia y, si acaso, lo que padece es un d茅ficit de visitas a los juzgados – puede que condicionado por la conocida lentitud de nuestro sistema -, especialmente sonrojante cuando se compara nuestra tasa de denuncias por da帽o al honor (malamente sobrepasa las mil anuales) con la de algunos pa铆ses del Norte de Europa (60 mil en el Reino Unido, 24 mil en Alemania o 6 mil en Suecia).

Internet y las redes sociales no han hecho otra cosa – no desde帽able en cualquier caso – que aumentar el volumen y las repeticiones de lo que anta帽o consider谩bamos chismorreos de patio de vecindad o comentarios fuera de tono en la barra de un bar. No han cambiado los tipos (ya suficientemente enunciados en nuestro ordenamiento) como la alarma que nos provoca comprobar la capacidad de propagaci贸n de una cadena de 140 caracteres fruto del pensamiento complejo de quienes han cre铆do encontrar en esta v铆a el paradigma de la libertad y su 煤nica forma de ejercicio.

Y no menos cierto resulta el riesgo de relativizar el efecto nocivo de la palabra cuando – envuelta en aquel derecho que Montesquieu dijo estar dispuesto a defender con su vida – esconde una dosis de odio o animadversi贸n suficiente para que, inoculada a trav茅s de un intangible gotero, no percibamos letal hasta que el veneno haya hecho su efecto.

Puede que la mayor lecci贸n a cuenta del asesinato de Isabel Carrasco o la victoria del Maccabi Tel Aviv sea reflexionar sobre la paradoja que provoca la libertad de defender la opini贸n del contrario que teoriz贸 el bar贸n de Montesquieu. Mientras la mayor铆a caminamos por una senda en la que hemos plantado unas vallas para contener el simple desprecio o limitar nuestros pensamientos m谩s primarios, otros – sin 谩nimo alguno de reciprocidad, como se ve – pastan, mugen y defecan a los lados del camino.

Igual cuando sean mayor铆a comenzamos a preocuparnos. O igual, como dej贸 sentado el聽 pastor luterano Martin Niem枚ller (1892-1984) en un c茅lebre serm贸n luego atribuido al dramaturgo Bertolt聽 Brecht: 鈥Cuando vinieron a buscarme, no hab铆a nadie m谩s que pudiera protestar鈥.

Imagen: 123rf

 

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