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10 consejos para leer en vacaciones

10 consejos para leer en vacaciones

A las puertas de un nuevo agosto, ‘Sin la venia’ se toma el descanso propio del verano judicial con su habitual entrega de lecturas recomendadas para sobrellevar la canícula de una forma diferente a la mera ‘captación de experiencias’.

La relación, como siempre decimos, es heterodoxa y no tiene, ni lo pretende, un criterio sociológico común: hay, casi a partes iguales, ensayo y novela. De lo primero incursiones en asuntos de actualidad como la Guerra Civil o el Brexit. Y de lo segundo, un poco de todo: trasfondo jurídico, asesinatos, conflictos familiares o experiencias esotéricas, entre otras.

En cualquier caso, y es también advertencia repetida de esta bitácora, no son las tablas de la ley. Sólo esperamos que el decálogo les recompense con ese título ameno siempre buscado.

‘El libro de los Baltimore’ Una propuesta adictiva arranca nuestra lista. Quienes ya disfrutaron del talento de Joël Dicker con ‘Los últimos días de nuestros padres’ y, especialmente’, con ‘La verdad sobre el caso Harry Quebert’ tienen una tercera oportunidad con esta historia —en la que repite como protagonista Marcus Goldman— sobre una familia de clase media de la Coste Este estadounidense. (Alfaguara)

‘La mediadora’ Obra ganadora de la última convocatoria del Premio Abogados de Novela. Jesús Sánchez Adalid deja de lado la novela histórica y alumbra una trama en la que reflexiona sobre la obligada relación entre acuerdo y perdón en este retrato de un proceso de divorcio. (Martínez Roca)

‘Pompa y circunstancia’ Como si anticipara que lo británico iba a monopolizar más pronto que tarde el primer plano de la actualidad, Ignacio Peyró firmó hace dos años un mastodóntico pero ameno retrato —en clave de enciclopedia— sobre la sociedad y la historia de la cultura inglesa. Mil páginas imprescindibles para anglófilos declarados o lectores con la necesaria curiosidad. (Fórcola)

‘Sobre la belleza’ La británica Zadie Smith comenzó a asomarse al olimpo de los jóvenes autores consagrados con ‘Dientes blancos’, aunque fue con ‘Sobre la belleza’ cuando captó la atención definitiva de miles de lectores con una cáustica novela sobre la vida vacía de un cincuentón profesor universitario atado al elitista ambiente de Nueva Inglaterra. (Salamandra)

‘1936: los mitos de la Guerra Civil’ El octogésimo aniversario del golpe militar que acabó con la II Segunda República ha coincidido con la publicación de este ensayo del profesor Enrique Moradiellos en el que trata de actualizar, con honestidad probada, la mirada sobre nuestro conflicto fratricida alejándose de los estereotipos comunes de muchos de los historiadores que le precedieron. (Península)

‘Bajo la mano sangrienta’ Un futbolista estrella de un club inglés de la Premier League muere envenenado y unos días después, una bomba estalla en medio de un partido del mismo equipo. La última entrega de la escocesa Val McDermid, ya leyenda de la novela negra británica, confirma sus dotes para construir argumentos tan verosímiles como intrigantes. (RBA)

‘La guerra no tiene rostro de mujer’ El último Premio Nobel de Literatura fue a manos de la periodista, escritora y ensayista bielorrusa rusa Svetlana Aleksievich. El libro recoge el testimonio —lejos de la mera experiencia militar y sí en clave intimista— de cientos de mujeres que vivieron la II Segunda Guerra Mundial en el frente de combate. (Debate)

‘Los poderosos lo quieren todo’ Cambio de registro para José María Guelbenzu, el veterano creador de la jueza Mariana de Marco (siete novelas exitosas le preceden), que ahora se adentra en las disparatadas peripecias de un asesor fiscal. “Se lee sin parar y deja un gusto ácido y tierno”, ha dicho de ella Eduardo Mendoza. Como para hacerle caso y no despreciarla. (Siruela)

‘Tantos tontos tópicos’ Pasa por ser uno de los pensadores más agudos del panorama español y a fe que lo consigue. Acostumbrado a remar contra corriente tras sufrir los ‘años de plomo’ en el País Vasco, Aurelio Arteta polemiza en este ameno ensayo —al que siguió una segunda entrega, ‘Si todos lo dicen…’, por si se quedan con más ganas— sobre los lugares comunes de las ideas en los que muchos se resguardan para sentirse cómodos. (Ariel)

‘Una vacante imprevista’ Puede que de la creadora de la saga de Harry Potter no esperásemos nunca que fuera capaz de alumbrar historias distintas a las de Hogarth. Pero J.K. Rowling lo hace, y correctamente, en este retrato de intrigas, miserias personales y pasiones no correspondidas a partir del repentino fallecimiento del concejal de un pequeño pueblo de la Inglaterra profunda. (Salamandra)

 

¡Feliz verano y feliz lectura! Volvemos en septiembre.

 

Foto: Pixabay

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Lecturas de verano

10 consejos para leer en verano

La llegada del mes de agosto nos presenta en nuestras Islas el cuarto punto y aparte del año, laboralmente hablando, tras el Carnaval y la Semana Santa. Al margen del casi interminable listado de cosas para hacer —o por hacer— de estos días volvemos a realizar para los aficionados a la lectura un decálogo de propuestas en forma de novelas o ensayos. Esta vez sin un trasfondo común, la relación será heterodoxa. Como siempre decimos, no son las tablas de la ley y sólo esperamos que el decálogo les recompense con ese título ameno siempre buscado.

 

‘Mr. Holmes’ Arthur Conan Doyle puede que nunca imaginase que casi un siglo después de que firmara su última entrega sobre el archiconocido detective, otro escritor (Mitch Cullin) fabulara sobre los últimos días de Holmes. Una granja en Sussex en los años posteriores a la II Guerra Mundial sirven de escenario de una novela tan interesante como de fácil lectura. (Roca Editorial)

 

‘Como hablar de dinero’ El periodista y novelista británico John Lanchester hace su segunda incursión en el ensayo sobre el mundo de la economía y las finanzas. Si ya consiguió dibujar con un lenguaje entendible la ciclogénesis explosiva de la crisis de 2007-2008 (‘Huy! Por qué todo el mundo debe dinero a todo el mundo y nadie puede pagar’) ahora vuelve a sorprender con otra mezcla de didáctica y crítica a partir de un a subtítulo sugerente: lo que dice la gente de las finanzas y lo que de verdad quiere decir. (Anagrama­)

 

‘Blitz’ La generación nacida en los segunda mitad de los sesenta y la primera de los setenta encuentra en las historias de David Trueba (antes guionista exitoso y luego novelista de mejores facturas) un punto de coincidencia con sus peripecias adolescentes o sus primeros pasos en la madurez. Con ‘Blitz’ comprobamos que la novela breve no equivale necesariamente a ligereza. (Anagrama)

 

‘Presidentes de Estados Unidos’ Los amantes de la historia alejada del lenguaje académico, las multicitas al pie y los inacabables índices onomásticos tienen la ocasión de acercarse —y entender— la evolución de los Estados Unidos de América con la propuesta elegida por Javier Redondo, profesor de Ciencia Politica y director de la revista ‘La ventura de la historia’. De George Washington a Barack Obama, 43 pequeñas biografías de los primeros mandatarios desde 1776 a hoy. (La Esfera de los Libros)

 

‘Mi vida querida’ La concesión del premio Nobel de Literatura a la escritora canadiense Alice Munro le asomó al mercado español de masas para fortuna de quienes desconocían su magisterio para hablar sobre la intimidad lejos de tópicos y sensiblería. La opinión de Antonio Muñoz Molina lo explica mejor: “La lectura que piden los cuentos de ‘Mi vida querida’ no es la de la prosa sino la de la poesía… una revelación de algo que no se agota porque está en las palabras y un poco más allá de ellas.” (Lumen)

 

‘El mundo de Sofía’ Regalo ‘obligado’ para preadolescentes de medio mundo, la novela del noruego Jostein Gaarder tiene el mérito de haber conjugado, acertadamente, rigor y amenidad en una narración donde una joven irá conociendo su propia identidad mientras descubre la capacidad humana de hacer preguntas a través de un recorrido —apasionante— por la historia del pensamiento filosófico. (Siruela)

 

‘Economía para andar por casa’ Quienes siguen en Onda Cero al catedrático de Historia del pensamiento económico Carlos Rodríguez Braun no pueden sorprenderse de su capacidad para mutar de arcano a entendible las cosas del dinero. En este ensayo coescrito con los periodistas Olvido Macías, Ignacio Rodríguez Burgos y Pedro Pablo González se sintetizan las dudas más comunes de cualquier ciudadano para convertirlas en preguntas que se responden de forma sencilla y clara. (Lid)

 

‘El caso del cliente de Nouakchott’ El tinerfeño Jaime Mir creó una pequeña legión de incondicionales con esta novela negra ambientada en el Santa Cruz de Tenerife de los ochenta alrededor de un inclasificable detective privado. Recibida en origen como finalista del premio de novela Benito Pérez, fue reeditada hace unos años como reconocimiento a una factura tan sugestiva. La cofradía de Mir (una suerte de Harper Lee local) espera ansiosa su regreso. (Oristán y Gociano Editores)

 

‘Los señores del límite’ Selección de poemas y ensayos de Wystan Hugh Auden, es una obra impagable para los amantes de la poesía y la prosa poética. A lo largo de sus poemas y ensayos nos adentramos en algunos de sus temas más habituales: el tiempo como proceso diacrónico y la labor de zapa que hace en la naturaleza del ser humano. (Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores)

 

‘Cómo ser marido’ Tim Dowling, escritor y periodista estadounidense, firma esta guía de uso y consejos para los hombres modernos. La ironía es el ingrediente principal de esta novela, escrita por un autor que en su columna semanal en el periódico británico ‘The Guardian’ ya desgrana habitualmente, y en clave de humor, las vicisitudes de su propio matrimonio. Advierte Dowling: “El libro debe leerse como un choque personal entre mi mujer y yo”. (Anagrama)

 

¡Feliz verano y feliz lectura!

 

Foto: 123rf

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10 consejos para escribir un correo electrónico

10 consejos para escribir un correo electrónico

El uso de las redes sociales en nuestras relaciones personales o en el mismo entorno profesional ha restado protagonismo al correo electrónico, pero no importancia. Sigue siendo una herramienta imprescindible en cualquier actividad que exige relacionar a personas que necesitan comunicarse a distancia y no parece, por más que vivamos mediatizados por ‘WhatsApp’, que vaya a decaer de nuestra agenda de recursos ofimáticos.

Siguiendo el concepto de comunicación por carta con el que nació —y en el que la remisión inmediata por un canal digital era la gran novedad— el ‘e-mail’ culminó a mediados de los años noventa el tránsito iniciado con el fax, recurso éste que sí lleva camino de su práctica desaparición. Hoy en día puede ser que usted haya renunciado al uso de wasaps, pero difícilmente podrá decir que no posee una cuenta de correo-e, bien sea corporativa, particular o para un uso mixto.

Por ello el uso del correo electrónico precisa de ciertas reglas. Como siempre decimos, no son las tablas de la ley, pero estos 10 consejos para escribir un correo electrónico le ayudarán a evitar que lo que nació como un recurso de gran utilidad acabe con sus nervios o genere conflictos indeseados con sus interlocutores.

1)    No todo se comunica por correo-e. Evite usarlo si no le aporta algo realmente importante para su actividad profesional. Una llamada telefónica, un wasap o una pequeña conversación personal si se dirige a alguien que está en su misma oficina pueden llevarle menos tiempo y esfuerzo.

2)    La estructura ayuda a la comprensión. El asunto de un correo ha de describir brevemente su objeto (como si fuera el titular de una noticia) y el cuerpo del mensaje debe dedicarse al contenido.

3)    Si quiere trascendencia, adjunte y no pegue. Cualquier gestor de correo permite el envío de ficheros adjuntos, así que no caiga en la tentación de pegar al cuerpo del mensaje el contenido de un documento (un oficio, una factura, una disposición legal…). Hágase la misma pregunta que si remitiera una comunicación postal: ¿pegaría al folio un cartel o mejor lo trabaría mediante un clip o una grapa?

4)    Lo bueno, si breve… dos veces bueno. Siga el consejo del gran Baltasar Gracián y sea claro y conciso. El cuerpo del correo, en todo caso, debe resumir el contenido de los documentos o enlaces a las páginas web que adjunte.

5)    Cuide el modo y las formas. Las más de las veces, se estará dirigiendo a un cliente o un proveedor, a alguien, en cualquier caso, con el que se está relacionando por un motivo profesional. Evite el tuteo no consentido y empiece y acabe sus misivas con una cierta formalidad: Estimado señor / Estimado Pedro / Querido amigo; Atentamente / Respetuosamente / Cordialmente…

6)    ¡Ni le ven, ni le oyen! Un correo electrónico no permite transmitir su lenguaje gestual, ni el tono de su habla. Evite sustituirlo por recursos como palabras escritas en MAYÚSCULA (pueden tomarse como un grito), por repeticiones de signos de puntuación ‘!!!’, ‘???’ o, menos aún, por emoticonos :) por muy amables u originales que parezcan.

7)    Haga borradores para mensajes repetidos. Si algunos de sus correos repiten frecuentemente su estructura (por ejemplo el envío de una minuta o un informe), cree mensajes tipo para cada caso y guárdelos en una carpeta de borradores desde la que pueda recuperarlos. Ahorrará más tiempo del que cree.

8)    El blanco facilita la lectura. Un correo no es un papel con un espacio limitado. Dejar una línea en blanco entre cada párrafo sólo le costará una pulsión de la tecla ‘enter’ y facilitará la lectura al destinatario.

9)    Un ‘Ok’ no siempre es una buena respuesta. Lea con cierto detenimiento el contenido del correo recibido. Puede que su emisor requiera de usted algo más que este laconismo, so pena de que lo tome por el ‘sí’ de los locos.

10)    Avise de que lo envía a un tercero. Salvo que se dirija a varias personas simultáneamente o que el contenido de su correo no sea privado, reservado o confidencial, si al mismo tiempo lo envía a un tercero no está de más emplear una fórmula del tipo: “Copio [o envío copia] a fulano de tal” para dejar constancia fehaciente de que el contenido no solo lo verán usted y su destinatario original.

 

Foto: 123rf

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Oratoria

10 consejos para hablar en público

El ejercicio de la abogacía comporta el desarrollo de habilidades más allá de la formación teórica que ofrece el estudio del Derecho o la acumulación de conocimiento y experiencia que nos dan los años de práctica. Uno de los recursos que cualquier letrado debe aspirar a manejar con soltura es el de la expresión oral. Y aunque podría pensarse que esta destreza es importante sólo para quienes intervengan en una vista en sede judicial, nada más lejos de la realidad.

Y es que para hablar en público basta con que nos dirijamos a un grupo fuera del ámbito estrictamente privado: una reunión de conciliación, la junta general de una empresa la que asesoramos, aquella charla para la que hemos sido elegidos como ponentes, esos periodistas que nos piden pronunciamiento sobre una materia legal… puestos a imaginarnos situaciones comprobaremos que son numerosas -y frecuentes- las ocasiones en las que un auditorio nos puede poner a prueba.

La incapacidad para hablar en público con soltura es, además, es una de las taras más frecuentes en nuestro país. Lo vemos a diario y lo padecemos desde la infancia -quién no recuerda aquellas veces en las que tuvimos que exponer en clase un tema- hasta la adultez, cuando algo en apariencia tan simple como dirigirnos al resto de los padres en una reunión colegial termina por atrabancarnos el discurso mientras un sudor frío nos va minando el ánimo.

Estos últimos pueden ser síntomas de glosofobia, término traído del griego clásico que señala a aquellas personas con miedo a hablar en público. Para tratar de superar esta patología que a los unos condiciona su vida laboral y a otros en algún momento lo hizo, ofrecemos este decálogo de pautas. No son las tablas de la ley, pero bien podrían ayudarnos.

1) Preparación. Aunque fueras a hablar de un asunto o un hecho que creas manejar con la mayor destreza, dedica siempre unos minutos a hacer un esquema de tu intervención. Y si ya lo tuvieras, repásalo.

2) Una tribuna no es el patíbulo. Confía en tu capacidad de oratoria y de convicción. Siempre que hables en público lo estarás haciendo para conseguir éxito profesional o satisfacción personal. ¿Te parece poco estímulo?

3) No improvises. De hacerlo, lo más seguro es que pierdas el hilo de tu intervención y, de paso, el prestigio entre tus oyentes. Ponte en su lugar: ¿querrías perder tu tiempo escuchando las divagaciones de otro?

4) Lo bueno, si breve, dos veces bueno. Está más que comprobado que un discurso de más de 10 minutos (salvo que esté apoyado con pausas para proyectar imágenes) acaba por cansar.

5) El orador es una persona. El lenguaje corporal importa, y mucho. No agaches la mirada, ni la desvíes hacia un punto indeterminado. Evita la rigidez y apóyate en brazos y manos para hacer lenguaje gestual.

6) El silencio es oro. Una pausa para hacer una inflexión que dé paso a un cambio en el tono, el énfasis o el contenido de tu exposición deben formar parte de tu discurso para evitar que sea un monólogo inexpresivo.

7) Adapta tu lenguaje. Ten siempre claro para quién hablas y trata de adecuar tu léxico al escenario y el auditorio. Ni tecnicismos ininteligibles entre profanos en derecho, ni chascarrillos en medio de una vista oral.

8) Una imagen vale… más que mil palabras, sí, pero no porque puedas sustituir tu discurso por un vídeo ingenioso, sino porque la vestimenta inadecuada o el desaliño pueden anular tu credibilidad.

9) Evalúa tu intervención. Hablar en público es una destreza que exige práctica continua, así que si te salió redonda te servirá de modelo para futuras citas. Y si no, te ayudará a detectar errores que corregir.

10) Nadie nace aprendido. También en esto la formación es fundamental. Huye de la vanidad y busca fuentes o personas con las que aprender desde cero o mejorar tus capacidades.

 

Foto: FutureImageBank

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